Análisis de una jornada donde el tiempo se dobló y la democracia olvidó contar.
En el Perú, el tiempo nunca ha sido una línea recta, sino un espiral que canta como el viejo vals: "toda repetición es una ofensa", y no le importa repetir y seguir ofendiendo. Lo vivido este domingo 12 de abril de 2026 no fue solo una jornada electoral; fue un episodio de realismo trágico institucional, donde los muertos de las encuestas resucitaron, los vivos no pudieron votar y los resultados viajaron por el aire antes de que las manos tocaran las ánforas.
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