El Perú se encuentra atrapado en un espiral temporal, un laberinto de espejos suspendido sobre la cordillera donde las leyes de la física y de la lógica parecen haberse disuelto. El partidor de la segunda vuelta electoral está listo, pintado sobre una pista de ceniza, y los corredores se arrodillan en posición de arranque cargando a sus espaldas espectros tan pesados que el aire mismo se vuelve denso y difícil de respirar. El silbato inicial está a punto de sonar, pero el árbitro que sostiene el cronómetro, un Jurado Nacional de Elecciones magullado por el papelón de la primera vuelta, inspira más sospechas que certezas en un público que asiste al espectáculo con un pañuelo firmemente apretado contra la nariz. Una especie de COVID político ronda nuestras sacrificadas vidas.
En este insólito momento político, los mitos populares se quiebran. El viejo adagio que reza "a la tercera es la vencida" ha quedado proscrito de los diccionarios políticos nacionales. Keiko Fujimori desafía la aritmética del destino y pisa el partidor por cuarta vez consecutiva. No hay magia benevolente en este número; es su última oportunidad histórica, un todo o nada en el que la heredera del fujimorismo busca redimir un apellido o quedar sepultada definitivamente bajo el peso de su propia persistencia. A su lado, brotando de la bruma de las encuestas fallidas que una vez más demostraron su incapacidad para medir los latidos ocultos de las provincias, surge Roberto Sánchez. Él es el outsider que nadie vio venir, un espectro político que hace apenas unos meses caminaba por las márgenes del anonimato estadístico y hoy se yergue como la mitad del dilema nacional.
LA CRUDA REALIDAD DE LOS NÚMEROS (EL LABERINTO ARITMÉTICO)
Sin embargo, detrás de la épica de la contienda se esconde una verdad matemática desoladora: ninguno de los dos posee un mandato sagrado ni un respaldo mayoritario. Fuerza Popular (Keiko Fujimori) avanzó a este duelo final obteniendo apenas el 17.181% de los votos válidos (es decir, 2'877,678 voluntades), mientras que Juntos por el Perú (Roberto Sánchez) se coló en el partidor con un escaso 12.031% (2'015,114 votos). Entre ambos no logran convencer ni al tercio de un país fragmentado.
Esta orfandad estadística es el primer axioma que el futuro inquilino de la Casa de Pizarro deberá comprender si no desea que su mandato sea tan efímero como un aguacero de verano. El electorado no acudirá a las urnas impulsado por la fe, sino arrastrado por el espanto; votará tapándose las narices, eligiendo estrictamente al "mal menor". Cualquier intento de radicalizar propuestas, cualquier mesianismo que ignore que el 80% del país les dio la espalda en primera instancia, activará de inmediato las alarmas de un Congreso reformado, cuya flamante Cámara de Senadores sostendrá la guillotina de las ya consuetudinarias vacancias presidenciales con pulso firme y pocas contemplaciones.
Para desentrañar el porvenir, es imperativo examinar las luces y, sobre todo, las densas sombras que acompañan a cada competidor en este viaje:
1. Keiko Fujimori (Fuerza Popular)
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Pros (Las Fortalezas): Ostenta una resiliencia a toda prueba y una maquinaria política disciplinada con presencia nacional ininterrumpida. Para los sectores corporativos y las clases medias temerosas del colapso, representa una garantía de estabilidad económica, predictibilidad financiera y defensa del modelo de libre mercado frente a cualquier aventura estatista.
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Contras y Fantasmas (Las Sombras): Su mochila carga con los fantasmas indisolubles de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. El primero, atrapado en la dualidad mítica de sus aciertos macroeconómicos y su autocracia; el segundo, como el símbolo imperecedero de la degradación y corrupción del sistema. Estos espectros alimentan un antivoto crónico y un rechazo visceral que históricamente unifica a sus opositores.
2. Roberto Sánchez (Juntos por el Perú)
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Pros (Las Fortalezas): El factor de la "tabla rasa". Al presentarse como el outsider, canaliza de forma casi mística el descontento popular, la fatiga contra el establishment y la promesa de un cambio estructural demandado por las regiones olvidadas. Ha sabido capturar el voto de protesta profundo que la capital jamás logra vislumbrar, reeditando un Pedro Castillo II, impulsando su liberación carcelaria.
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Contras y Fantasmas (Las Sombras): Sus fantasmas no pertenecen al pasado, son de carne y hueso, caminan libres y forman parte de su entorno. Ha tenido que purgar y execrar de su campaña a un ala radical, desaforada y extravagante que amenazaba con arrastrar al país a conflictos geopolíticos con vecinos fronterizos (Antauro). Asimismo, se rodea de asesores excéntricos —algunos apegados rígidamente a la ley por su experiencia fiscal—, sembrando dudas sobre la viabilidad técnica de su plan jurídico de gobierno democrático. (Domingo Pérez).
El drama se complica aún más cuando se observa al encargado de impartir justicia en el ruedo (Roberto Burneo). El Jurado Nacional de Elecciones llega a esta instancia definitiva con el prestigio resquebrajado tras los tropiezos, marchas y contramarchas que caracterizaron la primera mitad del proceso. Un árbitro que arrastra la sombra de la ineficacia no hace sino sembrar sal sobre un terreno ya de por sí infértil para la confianza ciudadana. La estabilidad de la República pende de que este organismo recobre la lucidez y garantice una transición limpia.
Nos encontramos, pues, ante el inicio de una carrera de resistencia donde la meta no promete la gloria, sino el duro oficio de gobernar un país fragmentado en mil pedazos de cristal. Los dos competidores ya están agachados, fijos los ojos en el horizonte, sintiendo el frío de los fantasmas que les respiran en la nuca. El Perú asiste al espectáculo con la resignación de quien sabe que acude a elegir el mal menor, en medio de una pavorosa sequía de líderes probos, íntegros y honorables que devuelvan la dignidad a la magistratura más alta de la nación.
Las cartas están sobre la mesa, las voluntades alineadas bajo el cielo gris de Lima y el sol ardiente de las regiones. La orden ha sido dada.
A sus marcas, listos... ¡Ya!
UDI/FUH/JCR
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