A pocos días de las elecciones generales de este 12 de abril, el Perú parece caminar con paso decidido hacia un precipicio que otros vecinos regionales ya exploraron con resultados desastrosos. La historia, que suele ser una maestra ignorada, nos presenta hoy un espejo nítido en la figura de Ricardo Belmont Cassinelli. A sus 80 años, el candidato del partido Obras no solo encarna la nostalgia de una televisión que ya no existe, sino también un riesgo biológico y político que el país no puede permitirse en medio de una crisis institucional sin precedentes.
El precedente venezolano: Caldera y el gobierno de los "segundones"
No es necesario especular sobre lo que sucede cuando la avanzada edad se convierte en una barrera para el ejercicio del poder. Basta mirar el segundo gobierno del venezolano Rafael Caldera (1994-1999). Elegido también en su etapa octogenaria, Caldera pasó a la historia como un presidente "despistado", cuya desconexión con la realidad inmediata era un secreto a voces en los pasillos de Miraflores.
El vacío dejado por la lucidez menguante del caudillo fue llenado rápidamente por un círculo de familiares, amigos y "segundones" que, sin haber sido elegidos por nadie, fueron los que realmente gobernaron, firmaron decretos y tomaron las decisiones estructurales que terminaron por implosionar el sistema de partido tradicional. Cuando el capitán de barco no puede sostener el timón, el mando lo asumen los polizones de confianza.
Ramón J. Velásquez y la "buena fe" del narcoindulto
Incluso más dramático es el caso de Ramón J. Velásquez, quien durante su gobierno de transición firmó el indulto al narcotraficante Larry Tovar Acuña, representante del cartel de Medellín. La justificación de Velásquez fue tan humillante como reveladora: su "buena fe" fue sorprendida. Alegó que firmó el documento sin leerlo, confiando ciegamente en su secretaria privada.
Este es el peligro real de la senectud en el poder: no es la maldad, sino la fragilidad. Un presidente que firma por cansancio o por exceso de confianza es un peligro para la seguridad nacional.
El caso Belmont: ¿Dormidos al volante?
En el Perú actual, la candidatura de Belmont ha generado alarmas que van más allá de su ideario político. Los recientes reportes y avistamientos del candidato literalmente quedándose dormido en pleno encuentro con medios de comunicación no son anécdotas domésticas; son síntomas.
El país no necesita un "Hermanón" que inspire ternura o nostalgia, sino un estadista con la vitalidad necesaria para enfrentar las mafias, la recesión y la inseguridad.
Elegir a alguien cuya capacidad de vigilia es ya cuestionada por la propia biología es, en términos prácticos, entregarle el sello presidencial a su entorno más cercano. ¿Quién gobernará realmente el Perú si Belmont gana? ¿Quién firmará los decretos a las tres de la mañana mientras el presidente descansa?
Epílogo
El 12 de abril, el elector peruano tiene la oportunidad de romper el ciclo de errores políticos. La experiencia es valiosa, pero la capacidad de gestión autónoma es indispensable. No podemos permitir que la "buena fe" de un octogenario vuelva a ser sorprendida, ni que el destino de 33 millones de personas termine en manos de secretarios o parientes que aprovechan el sueño del caudillo para asaltar el Estado. El Perú no puede permitirse el lujo de gobernar en piloto automático.
JCR
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