En una pantalla que rasga la monotonía de la noche, cuatro cuadrantes se encienden como ventanas a dimensiones distintas, suspendidas en el éter de la señal digital. No es una simple transmisión; es una plática a pocas horas de una decisión final donde el destino de una nación se debate entre el eco de las montañas andinas y las luces distantes de ciudades lejanas. El aire cibernético se tiñe de un misticismo sutil, donde las palabras de los ponentes no viajan en datos, sino en ráfagas de viento histórico.
Desde el primer cuadrante ubicado en Nueva York, Julio Zelaya habla con la pausa de los sabios antiguos, aquellos que leen el porvenir en el reverso de las hojas de coca o en el curso de los ríos. Su voz, cargada de una experiencia que parece cruzar eras, resuena como un eco de advertencia: nos recuerda que la soberanía no se firma en papeles, sino que se defiende con el alma de los pueblos. A su lado, en una ventana que parece flotar sobre las cumbres de Machu Picchu, Jorge Carrión modera el encuentro con la precisión de malabarista de la palabra; sus gestos, nítidos y pausados, tejen los hilos invisibles que conectan las ideas dispersas en el cosmos, ordenando el caos electoral con la fuerza de un decreto cósmico.
En la parte baja del lienzo digital, la realidad se fragmenta y se vuelve a unir. Hermides Torrado, con una mirada fija, aporta la gravedad del análisis técnico, desmenuzando las cifras y los momentos como quien cuenta estrellas fijas en un cielo de incertidumbre, desde su experiencia colombiana. Junto a él, la ventana marcada por Nilo Pérez rompe las barreras geográficas; una voz que parece cruzar océanos y cordilleras se materializa para hablar en nombre del barrio de La Victoria, de aquellos peruanos que, habitando en la inmensa Lima, no se extravían, sino al contrario, sienten el latido de su patria con la fuerza de sus ancestros. Allí, Jorge Ferradas es el gran encantador de serpientes que cautiva a un público excluido por los eternos dueños del poder político peruano. Y desde México, lindo y querido, Alex Munguía Salazar, nos invita a una reflexión cargada de historia originaria. Sin embargo, sólo el atardecer de este domingo 7 de junio determinará cual de las ponencias defendidas por los panelistas será la que se mantenga en el tiempo, pues como se sabe, la historia la escriben los vencedores, no los vencidos. Aunque valgan verdades, como en la antesala lo anotaba Ferradas, en el Perú existe la paradoja de que tanto el vencedor como el vencido gobiernan.
Al fin de la batalla y vivo el combatiente llamado Perú, las voces en la distancia no solo analizan un proceso electoral; sino, y sobre todo, auscultan el espíritu de un país que se debate entre el viejo orden y el abismo de lo nuevo, demostrando que cuando el futuro es incierto, los hombres se reúnen en diálogos flotantes para intentar adivinar el color del amanecer.
UDI/FUNHI/JCR
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