El podio de honor del Dr. Omar Cabrales Salazar

Publicado el 31 de mayo de 2026, 1:09

El podio de honor ocupado por el Dr. Omar Cabrales Salazar en el certamen internacional "Macondos del Siglo XXI", organizado por la Fundación Universidad Hispana, no es un simple acontecimiento de las páginas de gacetillas académicas. Es, en rigor, un milagro de desentierro cultural. Su relato, La raza, actúa como un espejo de azogue donde la herencia de las raíces "afrodiaspóricas" se funde, sin pedir permiso y con una naturalidad que estremece, con las naves de adobe y los altares dorados del catolicismo que el tiempo desgastó en el Nuevo Mundo.

En la plática sostenida a través de las pantallas atemporales de Virtual TV, quedó flotando una certeza: la literatura contemporánea padece la tentación de la inmediatez, de la respuesta automática que satura un mundo veloz donde el discernimiento parece diluirse. Todo es casi instantáneo, robótico. Cabrales Salazar —economista de profesión, investigador y tejedor de versos— defiende el ejercicio de someter la creación al veredicto riguroso de jurados internacionales. Es un acto de fe literaria que evoca a los artesanos de antaño que fundían el metal hasta encontrar la pureza de la joya, huyendo del murmullo complaciente para buscar que las palabras pesen en la balanza de ojos extraños.

«Uno como escritor siempre busca que las palabras sean pesadas en la balanza de ojos extraños...» — Dr. Omar Cabrales Salazar

La magia de este siglo ya no requiere de alfombras voladoras ni de pestes de insomnio que borren los nombres de las cosas. El verdadero prodigio hoy reside en la resistencia de la sensibilidad humana ante el avance de los algoritmos. Mientras las mentes más jóvenes contemplan el porvenir a través de espejos de cristal líquido, celulares, iPods —en una ciudadanía digital donde la identidad ya no se construye con libros físicos o discos de acetato, sino con suscripciones y destellos de likes—, el espíritu humano se niega a ser automatizado. Al menos, esa es la negación planteada a nivel de nuestros concursos literarios.

Frente a una Inteligencia Artificial generativa capaz de procesar billones de textos y estructurar escenarios complejos, el doctor Cabrales advierte con lucidez el riesgo latente: la delegación de la carga cognitiva hacia las máquinas amenaza con difuminar las redes neuronales y adormecer el pensamiento crítico. Sin embargo, la máquina carece de ritmo, de cadencia y, sobre todo, de alma; es incapaz de conmoverse ante el dolor, la muerte o el oleaje del mar. El verso y la prosa siguen siendo el territorio exclusivo del espécimen humano, el único capaz de trazar un puente invisible de sensibilidad con un lector al otro lado del planeta.

Nuestras tierras latinoamericanas se erigen como un nicho de creación atípico, un caldo de cultivo donde lo absurdo y lo trágico conviven en la rutina diaria. No es necesario fantasear; basta con mirar las entrañas de los corregimientos olvidados, donde los "profesores multigrado" viajan durante días en autobuses, motocicletas y burros para abrir una escuela de doce niños, convirtiéndose en magos y héroes que desafían el abandono de los estados burocráticos y anquilosados.

Al final del viaje, cuando la tormenta amaina y la criatura de La raza recibe los óleos y las bendiciones de dos mundos que se abrazan en la penumbra, comprendemos que Macondo no es un pueblo geográfico, sino un estado de la gracia y la resistencia humana. El galardón del Dr. Cabrales Salazar nos obliga a recordar que, mientras la ciencia intenta medir la naturaleza en frías cifras, los saberes ancestrales de los bosques, los ríos y los pueblos olvidados permanecen allí, aguardando ser escuchados como los antiguos sabios que siempre han sido.

Abordamos mayores temáticas "macónditas", incluso las relacionadas con el momento político que vive Colombia este 31 de mayo de 2026, pero creemos que es mejor que se den un tiempo para escuchar la conversación completa en nuestro video adjunto, ya que hay expresiones que las podemos sumar textualmente a estas líneas y continuar elucubrando la entrevista, pero que de ninguna manera reemplazará al componente humano tan necesario en estos tiempos donde todo pareciera conducirnos a la automatización. Más aún si nos referimos a discursos retóricos en tiempos de encantadores de serpientes.

FUNHI/UDI/JCR

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