En el umbral de las distinciones Honoris Causa que la Fundación Universidad Hispana se dispone a entregar, la palabra se abre como un río de símbolos. La entrevista al nominado José Joaquín Arias Torres, desde Bogotá, Colombia, se convierte en un preámbulo encantado: su voz trae el rumor de las montañas andinas y el eco de bibliotecas invisibles que dialogan con el viento; la fuerza militar y la paz civil.
Las distinciones no son solo títulos, sino constelaciones que iluminan trayectorias que democratizan la cultura y la memoria colectiva. Son llamas ceremoniales que celebran a líderes capaces de elevar la educación y el pensamiento crítico en Iberoamérica. Se alzan como coronas de resiliencia sobre mujeres y hombres que inspiran comunidades transnacionales, y como puentes de palabra que transforman lo humano en vínculo espiritual y social.
Así, cada Honoris Causa se convierte en un acto mágico: pergaminos que respiran, voces que se tornan pájaros, y nombres que se inscriben en la eternidad como guardianes de la memoria compartida.
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