NO MATEN AL FÚTBOL
La tiranía del cronómetro y la paradoja de la injusticia
La obsesión por normativizar el latido del corazón humano está quebrando la lógica del juego. Se habla de darle dinámica al espectáculo, pero se cae en contradicciones absurdas que lindan con la crueldad:
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Los 5 segundos fantasmas: Explicaron a los entrenadores en Washington que el reloj corría cuando el jugador tomaba el balón para el lateral. Hoy, el cronómetro corrió desde que la pelota cruzó la línea. Una trampa invisible.
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El castigo al lesionado: Un arquero con el tobillo inflamado y destrozado no puede recibir atención porque su equipo va ganando. Se confunde la picardía con la emergencia médica.
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El exilio del minuto y medio: La regla dice que el jugador que sale lesionado debe esperar un minuto afuera. Pero si la pelota no sale, el castigo se estira por tres minutos interminables. Jugar un partido de Mundial con dos hombres menos por el pecado de recibir una patada no es justicia; es un despropósito reglamentario.
"Nos aplican el decálogo completo, de la primera hoja hasta la última. Nos estamos volviendo reglamentaristas y el reglamento nos está tapando el sol con las manos."
El fútbol que nos quieren robar
El peligro no es perder un partido; el peligro real es que los estadios perfectos y las canchas de césped extraordinario se conviertan en escenarios de una obra de teatro sin emoción. Hoy los futbolistas ya no juegan para superar al rival con la perspicacia y la viveza bien entendida; juegan aterrados, mirando de reojo al VAR, calculando si una pestaña en una pelota parada será interpretada como una cortina ilegal.
Si un equipo va a quedar eliminado de una Copa del Mundo, si los sueños construidos con base en el sacrificio y el sentido de pertenencia se van a romper, que sea porque el rival fue mejor. Que gane Turquía o Australia, Cabo Verde o Curazao porque superaron en cancha a sus rivales, no porque un burócrata inventó un segundo de demora en un córner inexistente.
Los muertos ilustres en el firmamento no se van a quedar quietos. Esas nubes se están desestabilizando porque el fútbol está perdiendo su aroma a barrio. Contra esta deshumanización del juego hay que pelear. Con los argumentos que queden, con el corazón en la mano, pero está prohibido quedarse sentados viendo cómo matan el deporte más hermoso del mundo bajo el peso de un frío e implacable manual de instrucciones.
JCR
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