Desde Argentina, México, Perú y Colombia, cuatro voces literarias —Irene Ferrari, Kenia Rodríguez, Caroline Chappa y Diego Chávarri— tejen un tapiz narrativo que conjuga lo íntimo con lo político, lo cotidiano con lo simbólico. Sus textos, aunque diversos en estilo y contexto, comparten una pulsión común: la necesidad de narrar para resistir, recordar y sanar.
Irene Ferrari: La fábula como refugio emocional
Desde Buenos Aires, Irene Ferrari nos comparte El inquilino de julio, una fábula poética que convierte la soledad en un espacio de ternura compartida. Su formación en arte dramático, música, pintura y literatura infantil se entreteje en una narrativa breve que evoca el realismo mágico con una cadencia melancólica y cálida. El texto, leído tanto por niños como por adultos mayores, demuestra que la buena literatura no tiene edad: es un puente emocional que conecta generaciones. Irene transforma lo imposible en íntimo, y lo íntimo en universal.
Kenia Rodríguez: El telar de la memoria
Desde Nuevo León, México, Kenia Rodríguez nos presenta El telar de Ixchelán, una obra que entrelaza la memoria ancestral con la tecnología contemporánea. Inspirada por sus alumnos y su pasión por la historia, Kenia construye un pueblo ficticio que evoca a la diosa maya Ixchel, símbolo de luna, tejido y fertilidad. Su cuento, con tintes de ciencia ficción suave y crónica poética, contrapone lo virtual con lo espiritual, recordándonos que la identidad se teje con hilos invisibles de tiempo, cultura y sensibilidad. Es una obra que honra las raíces sin perder de vista el presente.
Caroline Chappa: La luz que brota del duelo
Desde Chiclayo, Perú, Caroline Alexandra Chappa Morales, con apenas 16 años, nos conmueve con Luz tras la sombra. Su relato nace del duelo por la pérdida de su mascota Chispita, y se convierte en una exploración íntima de la conexión humana a través de espacios aparentemente banales: pasillos, bibliotecas, silencios. Con un tono melancólico y contemplativo, Caroline revela cómo el arte puede ser una forma de escuchar, de resistir, de sanar. Su voz joven, pero profundamente reflexiva, nos recuerda que la literatura es también un diario emocional donde lo vivido se transforma en lo compartido.
Diego: Persistencia y juego literario
Desde Chía, Colombia, Diego nos habla desde la constancia y el amor por la escritura. Su trayectoria como docente y escritor autodidacta lo ha llevado a ganar concursos y a mantener viva la llama creativa desde los 14 años. Aunque aún no ha publicado sus novelas, su participación en Macondos del siglo XXI marca un paso firme hacia la sistematización de su oficio. Su cuento, aún por revelarse en detalle, se inscribe en una búsqueda literaria que combina método y pasión, juego y disciplina. Diego representa al escritor que no se rinde, que se adapta, que insiste.
Reflexión: Macondos sin fronteras
Estas cuatro voces —diversas en edad, geografía y estilo— comparten una sensibilidad común: la capacidad de iluminar lo cotidiano. Ya sea desde la fábula, la crónica poética, el diario íntimo o la narrativa persistente, cada autor nos invita a detenernos, a mirar con otros ojos, a escuchar lo que normalmente callamos. Macondos del siglo XXI no es solo un concurso: es una constelación de relatos que nos recuerdan que lo extraordinario habita en lo ordinario, y que la literatura sigue siendo el mejor telar para bordar nuestras memorias, como estos relatos que conforman una cápsula editorial que celebra la literatura como telar de voces, como inquilina de la historia, como luz que atraviesa la sombra y como mierda que aún indica que tenemos algo en el estómago, incluso en nuestros pueblos olvidados por el olvido, con todos nuestros defectos y virtudes.
UDI/FUNHI/JCR
PD. Darle click al link para leer los textos enviados al concurso:
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