FLASH: ¡PERÚ, ULTIMATUM MILITAR!

Publicado el 21 de abril de 2026, 4:23

Bajo el peso de un cielo plomizo que parece anticipar el crujir de las instituciones, se ha gestado un episodio que huele a los rincones más oscuros de nuestra historia republicana. En un Perú donde la democracia suele ser un cristal fino siempre a punto de estallar, hay susurros por las calles limeñas que los altos mandos de las Fuerzas Armadas han abandonado el silencio de los cuarteles para dictar sentencia sobre el destino de la voluntad popular. Recordemos que muchos de ellos no pudieron votar porque las mesas no se abrieron temprano, horario en el que suelen acudir por razones obvias de trabajo castrense.

No fue una sugerencia, fue un estrépito: la exigencia de que las cabezas de la ONPE rueden sobre el tapete de la Junta Nacional de Justicia. Los uniformados, en un comunicado por ahora clandestino, que se lee como el prólogo de un desenlace inevitable, señalaron las llagas abiertas del pasado 12 de abril: mesas que nunca abrieron, ciudadanos que se marcharon con el derecho al voto marchito entre las manos y un ausentismo que no fue desidia, sino el silencio de los defraudados.

El aire se enrarece al mencionar las fallas en la cadena de custodia y la sospechosa parálisis de un sistema, el STAE, que decidió detenerse justo cuando el país contenía el aliento. En este realismo trágico, donde los organismos electorales se señalan entre sí con el dedo de la traición y el presidente del JNE acusa al jefe de la ONPE de habitar en la mentira, la confianza pública no ha muerto, pero agoniza en una sala de espera.

La sentencia de los sables es clara: no hay lugar para la improvisación cuando el destino de la nación está en juego. Exigen funcionarios "idóneos", una palabra que en nuestra tierra a veces suena a salvación y otras a designio, mientras exhortan a medidas correctivas inmediatas. En el Perú, donde las urnas suelen ser el campo de batalla de una paz armada, este llamado a la "eficiencia operativa" resuena como el último aviso antes de que la sombra de la bota termine de cubrir el sol de la democracia.

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