La historia política, como los viejos mitos, suele repetirse disfrazada de novedad. Giuseppe Tomasi di Lampedusa lo advirtió en Il Gattopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. Esa frase, que parece un hechizo "macondiano", ha atravesado siglos y océanos hasta instalarse en América Latina, donde las revoluciones se anuncian con trompetas, pero terminan siendo procesiones que giran en círculos; como lo rescatamos de uno de los artículos escritos en el año 2012 por nuestro candidato presidencial costarricense 2026, el honorable Walter Hernández Juárez, miembro de nuestra Fundación Universidad Hispana.
Hoy, Venezuela se convierte en el escenario de un realismo mágico político. Nicolás Maduro, atrapado en un relato que lo lleva a Nueva York como personaje de una novela barroca, desaparece de la escena con el aura de un dictador que se desvanece en un teatro extranjero. Delcy Rodríguez, su heredera designada, recibe el beneplácito de un emperador del norte, y el régimen continúa intacto, como un árbol encantado que da siempre el mismo fruto. El pueblo, como los sicilianos de Lampedusa, se adapta: cambia de gobernantes como quien cambia de santos en un altar, pero la procesión sigue siendo la misma.
Sin embargo, lo que más resuena en esta fábula es el desplante, casi desprecio, hacia María Corina Machado. La mujer que se hizo acreedora del Nobel de la Paz, símbolo de resistencia y esperanza, es relegada con un gesto de indiferencia. Trump, en su lógica gatopardista, no la reconoce como protagonista del cambio, sino como una figura incómoda que coqueteó erróneamente con Biden al inicio de su gobierno, acompañada por su partner Edmundo González. Ese error político, esa alianza inicial con el adversario equivocado, se convierte en el argumento perfecto para marginarlos del tablero.
El realismo mágico nos permite leer esta escena como un ritual cruel: Machado, laureada internacionalmente, es convertida en fantasma político dentro de su propio país. Su Nobel, que debería ser un talismán de legitimidad, se transforma en un espejo roto que refleja la ironía del poder. González, su compañero de ruta, queda atrapado en la misma condena: héroes trágicos que no logran romper el hechizo del gatopardismo.
Trump, en esta narrativa, aparece como un demiurgo que mueve las piezas con la lógica de Tancredi: todo debe cambiar para que nada cambie. La sucesión de Maduro por Rodríguez no es ruptura, sino continuidad disfrazada de transformación. La oposición, con Machado y González, queda fuera del juego, castigada por sus errores estratégicos y por la indiferencia de un poder que no perdona ni olvida.
La paradoja gatopardista se despliega con toda su fuerza:
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El cambio aparente: un dictador que cae, una sucesora que asciende, un Nobel que brilla.
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La continuidad esencial: el régimen sigue intacto, la estructura de poder permanece, la oposición es neutralizada.
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El desprecio simbólico: la marginación de Machado y González, convertidos en figuras decorativas de una revolución que nunca llega.
En este teatro político, las balas son inocuas, las batallas se libran para que todo siga igual, y los discursos se repiten como letanías de un ritual que nadie se atreve a romper. El pueblo venezolano, como los sicilianos de Lampedusa, se convierte en espectador resignado de un drama que ya conoce: la historia avanza en círculos, y el amanecer siempre es el mismo.
El gatopardismo latinoamericano es un espejo encantado: refleja el cambio, pero detrás del cristal todo permanece igual. Es la política convertida en teatro barroco, donde los actores se disfrazan de revolucionarios, pero el guion es siempre el mismo.
Mientras tanto, los pueblos esperan la aurora de un cambio verdadero, pero despiertan siempre en el mismo amanecer. El Caribe se convierte en Sicilia, y la frase de Tancredi resuena como un eco eterno: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”.
JCR
PD. Este relato no está estrictamente elaborado desde un punto de vista político, sino desde el realismo mágico con el que suele interactuar y comunicarse su autor.
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