DELCY RODRIGUEZ, LA "DINA" VENEZOLANA

Publicado el 3 de enero de 2026, 16:19

En los pasillos invisibles de la política caribeña, Marco Rubio anunció con voz firme que no habría más acciones en Venezuela, pues Nicolás Maduro Moros ya estaba bajo custodia, rumbo a ser juzgado en Nueva York. La noticia cayó como un relámpago en la madrugada, pero lo extraño fue que el resto del gobierno venezolano permaneció intacto, sin rasguños, como si los dioses hubieran protegido a Padrino López, a Delcy Rodríguez y a Diosdado Cabello con un manto de invulnerabilidad.

Delcy, por mandato constitucional, debía asumir la presidencia, cual Dina Boluarte en su propio mito andino. Y allí surgió la sospecha: ¿no sería que Delcy y compañía habían jugado la misma carta que Dina contra Castillo, entregando al líder a cambio de la recompensa prometida por los norteamericanos? ¿50 millones de dólares a quién no le mueve el piso? El rumor se extendía como un río subterráneo: alguien había pactado, alguien había vendido al dictador, alguien había abierto las puertas de Miraflores para que la fuerza extranjera entrara sin disparar una sola bala. Los reportes confirmaban lo insólito: los ataques fueron quirúrgicos, dirigidos solo contra cosas materiales, sin resistencia militar, sin un disparo, sin una sola bala que defendiera al “pez gordo”.

En el epílogo, la escena se tornó aún más surrealista. Cuando preguntaron a Trump en plena rueda de prensa, si había conversado con María Corina Machado, respondió con displicencia que no. Y agregó algo que enmudeció a los seguidores del cambio para Venezuela: “Creo que sería muy difícil para ella ser líder. No tiene el apoyo ni el respeto del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”. Pero su rostro se iluminó al mencionar una charla con la “Dina Boluarte venezolana”, Delcy Rodríguez, describiéndola como agradable y prometiendo enviar expertos petroleros para resucitar la economía venezolana, como si el futuro del país dependiera de un pacto secreto entre dos interlocutores inesperados, que literalmente garantizaría la continuidad encubierta del madurismo. El aire se llenó de presagios: ¿era este el verdadero acuerdo, la verdadera jugada?

Sin embargo, los rumores añadían otra capa de misterio: en recientes declaraciones la nueva mandamás de Venezuela, arengó a sus huestes a defender la patria de cualquier pretensión extranjera de dominio o colonización. Será que no se entendieron bien Trump y Delcy, o sólo se trata de aparentar asperezas y discordias para que no se haga visible el pacto bajo la manga de Delcy y sus secuaces con el imperio y la recompensa millonaria. El tiempo, tarde o temprano, como en el caso de la tristemente célebre Dina, se encargará de hacer visible lo que por el momento no alcanzamos a ver con claridad en el supuesto rostro iracundo de la popular “Delcy la fea”.

JCR

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