Desde las entrañas del nororiente peruano, Jaén Cajamarca, ubicamos a nuestro nominado que apuesta a ganador en medio de las dificultades socio-políticas por las que atraviesa el Perú.
El lugar es Jaén, Cajamarca, donde la sierra se rinde ante el abrazo cálido de la ceja de selva. Aquí vino al mundo José Manuel González Pérez, natural de estos parajes, una tierra donde el café brota con la fuerza de los sueños antiguos. José Manuel no solo heredó la sangre de sus padres agricultores, sino también la extraña habilidad de multiplicar las esperanzas en medio de la escasez.
La Alquimia del Saber
Se cuenta que José Manuel posee el don de la ubicuidad del conocimiento. Mientras sus manos aprendían el rigor de la contabilidad y la precisión de los números que no mienten, su espíritu se alimentaba de la pedagogía y la electricidad, como si necesitara iluminar las mentes y las casas al mismo tiempo. En su periplo, llegó a dominar las artes de la inteligencia y contrainteligencia, no para la guerra, sino para descifrar los laberintos de una política peruana que a veces parece escrita por un escribano febril, cambiando presidentes como quien cambia de sombrero. Esperamos que haya sido el último sombrero en la cima del poder político peruano, insinúa José Manuel, cuando se le pregunta por la encrucijada electoral en la que se encuentra su país.
El Eco de las Voces Invisibles
En la cosmogonía de José Manuel, el trabajo no es una carga, sino un ayllu moderno. Junto a sus hermanos, levantó imperios de transporte y marketing, entendiendo que la perseverancia es una planta que solo crece si se riega con honestidad. Pero su mayor prodigio es Eros TV, un espejo digital —y ahora de señal abierta— que busca capturar no solo la sombra de la tragedia, sino la luz de la salud, la cultura y la vida. Para él, los medios son el canal para que "los que no tienen voz" atraviesen el silencio de las montañas y sean escuchados en los confines del mundo.
El Regreso de la Esperanza
A pesar de las incertidumbres electorales y de los vientos que traen noticias de fiascos y delincuencia, José Manuel camina con la frente alta. Alguna vez, un mal viento le paralizó el rostro, pero la fe —esa fuerza invisible que mueve las piedras en Cajamarca— lo restauró por completo.
Hoy, mientras se prepara para recibir una distinción honorífica en la capital, él no busca la gloria de los nombres de mármol. Solo desea ser recordado como:
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Un trabajador incansable que nunca olvidó el aroma de su tierra.
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Un puente entre la gestión pública y el bienestar del prójimo.
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Un hombre que, al igual que los grandes sabios, entendió que hacer historia es simplemente dejar el mundo un poco más iluminado de como lo encontró.
Bajo la mirada de Jorge Carrión, en los estudios que conectan a Lima con el infinito, José Manuel se despidió no con un adiós, sino con la promesa de quien sabe que el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro, esperando que alguien con el corazón limpio le enseñe a despertar su verdadera riqueza.
UDI/FUNHI/JCR, Mayo 2026
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