La Fundación Universidad Hispana, junto a instituciones aliadas, declaró a dos nuevos cancilleres culturales como reconocimiento a su labor en favor de la cultura, la educación y el acompañamiento a comunidades migrantes. Los nombramientos apuntan a fortalecer los vínculos entre el Perú y otras naciones: Rosita Luisa del Mar López en el Estado de Israel y Gonzalo Fabián Zúñiga Montenegro en la República de Chile.
¿Por qué estos nombramientos importan?
Nombrar un canciller cultural no es solo otorgar un título honorífico. Es reconocer a personas que sirven de puente entre comunidades, que traducen experiencias locales en proyectos internacionales y que, a la vez, representan la capacidad de la cultura para construir solidaridad. En contextos migratorios, ese rol adquiere una dimensión práctica: educación, asesoría legal, organización comunitaria y difusión de la memoria colectiva.
Los nuevos cancilleres
Rosita Luisa Delmar López — Estado de Israel
Rosita llegó a Israel motivada por la curiosidad sobre su origen y por lazos de descendencia. Su trayectoria combina la experiencia profesional desarrollada en Perú con un trabajo pedagógico y literario en Israel. Tras revalidar estudios y demostrar su aporte a la enseñanza, formó parte del equipo de profesores de español del Ministerio de Educación de Jerusalén.
Además de la docencia formal, Rosita mantiene actividad como autora, jurado en concursos escolares y promotora de iniciativas de alfabetización y apoyo educativo. Su experiencia revela varios retos y oportunidades:
- Revalidación académica: adaptar títulos extranjeros al sistema local puede requerir pruebas prácticas, publicaciones y tiempo.
- Enseñanza de español: en las escuelas israelíes el interés por el español crece por la presencia hispana y por el consumo de telenovelas; sin embargo, dominar un idioma implica leer, escribir y hablar con soltura, no solo reproducir expresiones.
- Trabajo social: la docencia privada y las asesorías gratuitas a personas en situación económica vulnerable son formas concretas de diplomacia cultural.
“Saber un idioma es leerlo, escribirlo y hablarlo” — una reflexión que resume la exigencia pedagógica detrás del intercambio cultural.
Gonzalo Fabián Zúñiga Montenegro — República de Chile
Gonzalo es jurista y líder cultural con trayectoria en la Orquesta Filarmónica Juvenil y en la pastoral de migración. Su trabajo combina defensa legal, acción comunitaria y promoción de la música como instrumento de integración. Desde su experiencia en Chile plantea una lectura crítica sobre los desafíos migratorios actuales.
Algunos puntos clave que comparte:
- Realidad numérica: censos y estimaciones muestran altos números de migrantes regulares e irregulares; muchas personas recurrieron a procedimientos de autodenuncia o empadronamiento con la esperanza de regularizarse.
- Marco administrativo: firmas periódicas y empadronamientos han sido mecanismos usados para controlar flujos, pero no siempre garantizan acceso a derechos.
- Necesidad de organización: la creación de organizaciones civiles y ONG que respalden a migrantes con asesoría legal y verificación de antecedentes es esencial para proteger a quienes cumplen la ley y para ofrecer filtros que eviten abusos.
“El derecho a migrar es un derecho humano” — una idea que enfatiza la centralidad de la dignidad en políticas migratorias.
Lecciones prácticas: cultura y migración pueden ir de la mano
La conversación entre educadores, juristas y representantes comunitarios trae una serie de propuestas prácticas que sirven como hoja de ruta para transformar el reconocimiento honorífico en impacto real:
- Crear organizaciones formales: ONG y asociaciones civiles pueden ofrecer asesoría jurídica, certificación de antecedentes y soporte administrativo que facilite la regularización.
- Impulsar la educación en lengua y cultura: cursos de español para jóvenes y adultos, jurados en concursos escolares y proyectos culturales que vinculen a migrantes con comunidades locales.
- Diseñar filtros éticos y administrativos: mecanismos que permitan distinguir entre quienes buscan integrarse y quienes puedan representar un riesgo, sin vulnerar derechos humanos.
- Promover políticas públicas con enfoque humano: el diálogo entre autoridades, organizaciones y comunidades es clave para soluciones sostenibles.
- Visibilizar historias y talentos: la música, la literatura y las actividades culturales son potentes narrativas que reducen prejuicios y abren espacios de encuentro.
Un ejemplo inspirador: la ley migratoria Argentina
La experiencia de Argentina en la elaboración de una ley migratoria que contó con amplio consenso muestra que las soluciones vienen del trabajo colectivo. Integrar voces diversas —religiosas, políticas, académicas y sociales— permitió construir un marco legal que reconociera a las personas migrantes como sujetos de derecho.
Ese caso remarca dos ideas útiles para otros contextos:
- La política migratoria no debe ser exclusiva de una corriente ideológica; requiere acuerdos amplios.
- La participación organizada de la sociedad civil acelera reformas y garantiza que las leyes reflejen necesidades reales.
Cómo convertir el nombramiento en acción
El título de canciller cultural es un recurso para amplificar proyectos. Algunas acciones concretas que pueden impulsarse desde esa posición son:
- Programas educativos bilaterales que conecten escuelas y universidades de Perú con centros en Israel y Chile.
- Redes de jurados y concursos literarios que visibilicen la producción hispana en la diáspora.
- Campañas de asesoría legal y orientación migratoria organizadas por ONG locales en colaboración con profesionales.
- Festivales y conciertos que pongan en escena la música como puente entre ciudades y generaciones.
Reflexión final
Nombrar cancilleres culturales es más que un gesto protocolar, como lo evidencian los honorables miembros del Jurado de la Fundación Universidad Hispana, Eladia Montañez Huancaya desde Nueva York, USA, Juan Honorio Tirado y Jorge Carrión Rubio desde Lima, Perú. Es apostar por personas que, desde la educación, la cultura y la acción jurídica, construyen puentes entre países y comunidades. En tiempos de movilidad humana acelerada, esa labor adquiere urgencia: garantizar derechos, promover la integración y conservar la memoria compartida.
Las distinciones celebran trayectorias, sí, pero sobre todo activan responsabilidades. Cuando la cultura se convierte en herramienta de inclusión y las redes comunitarias se organizan con respaldo legal y educativo, los procesos migratorios dejan de ser solo un desafío para convertirse en oportunidad para todos.
JCR
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