PROHIBIDO OLVIDAR!🛑#Estreno

Publicado el 27 de noviembre de 2025, 7:00

Barbadillo ya no es solo una prisión. Es un símbolo: Un espejo roto donde se reflejan las promesas incumplidas de la República peruana. Allí, entre muros silenciosos y custodios que han visto pasar presidentes como si fueran sombras, se escribe una historia que no cesa de repetirse.

Martín Vizcarra, quien alguna vez encarnó la esperanza de una política más limpia, ha sido condenado a 14 años de prisión. Pedro Castillo, el maestro que prometió gobernar desde abajo, enfrenta ahora una sentencia de 11 años. Ambos se suman a la galería de exmandatarios que cruzaron el umbral de Barbadillo, ese espacio que debería ser ajeno a quienes juraron servir al pueblo. Sus condenas no son solo hechos judiciales: son síntomas. Ecos de lo que fuimos, de lo que somos, y de lo que aún no aprendemos a dejar atrás.

Antes que ellos, Alberto Fujimori convirtió Barbadillo en su morada perpetua, entre condenas y controversias. Alan García, enfrentado al mismo destino, eligió la muerte como último acto político. Pedro Pablo Kuczynski, con arresto domiciliario, envejece en una cárcel sin barrotes. Y Morales Bermúdez, también marcado por la justicia, transitó por esa misma ruta de sombras.

¿Qué nos dice esta secuencia? Que el poder en el Perú parece estar condenado a la caída. Que la silla presidencial, lejos de ser un altar de servicio, se ha convertido en una antesala del juicio. Y que el pueblo, tantas veces traicionado, sigue esperando una redención que no llega.

Pero más allá del escándalo, hay una pregunta que arde: ¿por qué repetimos la historia? ¿Por qué el liderazgo se corrompe, se desgasta, se traiciona a sí mismo? Tal vez porque no hemos aprendido a mirar el poder como un acto de humildad, y no de dominio. Tal vez porque la memoria colectiva aún no ha sanado las heridas de la dictadura, del clientelismo, del caudillismo que se disfraza de democracia.

Barbadillo, entonces, no es solo una prisión. Es una metáfora. Un recordatorio de que el Perú necesita más que reformas: necesita una transformación espiritual. Una nueva ética pública. Una ciudadanía que no se conforme con elegir, sino que exija rendición de cuentas, verdad y coherencia.

Porque si no aprendemos del pasado, el futuro seguirá escribiéndose con barrotes.

A continuación, el tema inspirado en esta reflexión, casi papal: Prohibido olvidar!, del poemario POEMATRIX 2025... (APDAYC 10816)

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